Crónicas sobre la idiotez

Una bitácora sobre la tontería humana

sábado, enero 14, 2012

Después del Problema Final

John estaba desconsolado. La caída de su amigo en la Cataratas de Reichenbach era el testamento de un hombre que siempre puso el bien de los demás por encima del propio: Sherlock sacrificó su vida para acabar con Moriarty.

Watson puso en el gramófono un disco de Variaciones de una Cuerda, una de las obras favoritas de su amigo. A un lado se encontraba el Guarnerius de Paganini que Irene Adler le había regalado a Sherlock, pero que el detective asesor jamás alcanzó a ver. Unas lagrimas calientes rodaron por las mejillas de John: en los últimos días de la vida de Sherlock había sido muy duro y desconsiderado con él, ahora se daba cuenta de ello. "Los héroes se valoran hasta que mueren", la frase de Sir Ian MacLance resonaba en su mente y le provocaba un gran sentimiento de culpa. Las preguntas se multiplicaban en la cabeza de Watson: ¿y si lo hubiera apoyado más? ¿Por qué no le disparé a Moriarty cuando lo vi en la Biblioteca de la Universidad de Leeds? ¿Sherlock estaría vivo si hubiera estado más cerca de él en estos meses?

Sin embargo, tenía problemas más inmediatos a su dolor. Mary estaba embarazada y el Coronel Sebastian Moran aún buscaba venganza. A lado del valiente médico siempre estaba su fiel rifle, el mismo que utilizó durante su servicio en el 5º Regimiento de Fusileros de Northumberland. Además, Lestrade le había pedido ayuda con el asunto de los asesinatos de Whitechapel, que al parecer habían acabado dos años antes y que Holmes había analizado: un nuevo homicidio se había cometido hace dos meses, en el mismo lugar y en condiciones semejantes a las de los anteriores crímenes. El perfil que Sherlock preparó seguía en un expediente ultrasecreto de Scotland Yard, por instrucciones del Primer Ministro. Watson sabía que, sin ese documento, debía empezar sus pesquisas desde cero, se lo hizo saber a Lestrade, pero su respuesta fue la misma que antes: no puede entregarse el documento. "Entonces, ¿cómo demonios voy a resolver el asunto, si no tengo acceso a lo que ya se investigó?", reclamó Watson. Lestrade sólo gruñía, discutir con él era como pedirle a un bulldog que soltara la chuleta que traía entre las fauces.

Después de revisar las evidencias que sí eran públicas, además de los diarios, Watson se convenció de que la investigación se encontraba estancada. Tomó la estilográfica Waterman que le había regalado Mary en su cumpleaños y comenzó una atenta carta dirigida a Lestrade, en la que cordialmente lo mandaba al diablo y le informaba que no podía continuar con una investigación en la que no se le proveía de datos policíacos que, para mayor gravedad, tenían archivados por motivos políticos. Cuando terminó el tercer párrafo de su misiva, a sus espaldas escuchó una voz que olía al típico tabaco con vainilla que John ya conocía: "te faltó un punto después de 'estúpidas decisiones políticas' y en el párrafo siguiente te falta una coma después de tu crítica a la posición de Mycroft en el asunto".

Era la voz de Sherlock, quien estaba vestido como un Barón Pruso, con monóculo y patillas hasta el cuello incluidas.

Watson lo miró incrédulo, no sabía si celebrar, tallarse los ojos porque alucinaba o moler a golpes a Holmes por no avisarle que aún estaba vivo. Sherlock no esperó a que reaccionara y le dijo -con la tranquilidad de siempre- que cogiera su sombrero y bastón, ya que había que examinar nuevamente la escena del último crimen en Whitechapel. "Hay mucho que revisar, querido amigo, de tus notas veo que sólo recuperaste los datos irrelevantes", afirmó con afecto el delgado detective.

En ese momento entraron al estudio Lestrade y Mary: Scotland Yard mantendría una guardia de 10 agentes para proteger a la esposa de Watson.

Ahora John sí habló: "¿le avistaste primero a Lestrade que estabas vivo, grandísimo hijo de perra?" Holmes no se inmutó y empezó a caminar hacia la salida de la casa mientras comentaba: "la lógica marca que primero debía conseguir protección para Mary y tu hijo en camino, dejemos los reclamos sensibleros para cuando haya tiempo".

Holmes había deducido el embarazo de Mary por el movimiento de muebles del cuarto anexo al dormitorio de los Watson, el exceso de bolas de estambre que había en el armario y la mirada brillante de Mary. Nada mal para alguien que sólo había dedicado cuatro segundos para inferir esa conclusión.

En la calle esperaba el auto Daimler que Holmes había adquirido en Alemania. "Tenemos que apurarnos, John, el príncipe de Gales ha sido secuestrado y me temo que encontrarlo depende de que hallemos al asesino de Whitechapel", sostuvo Sherlock mientras se calzaba una gorra y unas gafas de conductor.


-- Desde Mi iPad 2





sábado, octubre 29, 2011

Farewell, Rupertito

Hace unos momentos, falleció mi siempre fiel Basset Hound, un animal sumamente digno que me encontré en la calle hace casi dos años. Este perrito, con pedigree, chip y tatuaje, fue abandonado en la calle. El teléfono que sus dueños registraron en la canófila estaba desconectado. A pesar de que era un comelón, Rupertito era flaco como Menotti y digno como Churchill.

Su tiempo en la calle (por el largo de sus uñas, los médicos le calcularon seis meses de abandono) le trajo una gastritis crónica y una catarata. El animalito tenía 12 años cuando sus ingratos dueños lo dejaron a la merced de autos, ratas, otros perros y transeúntes desconsiderados. Sin embargo, era un can hermoso, fotogénico y que ladraba como si declamara una parte de Hamlet.

Petito era un perro-gato: no era escandaloso, destructivo o fastidioso, parecía un viejo profesor de literatura que meditaba sobre poemas y ensayos. A veces su cara me recordaba a Borges y, aunque Snoopy es un Beagle, Rupertito se dormía como el perro de Charlie Brown.

A pesar de todas sus ganas de vivir, el cáncer de hueso lo dejó más flaco que nunca. Su voluntad de hierro no pudo vencer a la combinación de cálculos en vejiga, gastritis y osteosarcoma.

Abandonar a un perro de 12 años en la calle es una canallada, necesitamos una reglamentación que verdaderamente castigue la venta indiscriminada de mascotas, así como su abandono y maltrato. Al parecer Guadalajara tiene un buen proyecto de norma en la materia, mismo que en Zapopan brilla por su ausencia. Se necesita una ley que obligue a que todo Jalisco tenga un trato adecuado para mascotas y animales domésticos.

Además existe el problema de los perros y gatos que se abandonan en el Bosque La Primavera, mismos que se integran a jaurías y manadas peligrosas para la integridad de los humanos. La carencia de una legislación que obligue al registro de mascotas abre la puerta para que personas irresponsables dejen a su suerte a estos pobres animales.

Por otro lado, el destino en los centros antirrábicos no es mejor: el hacinamiento de los canes y felinos, así como la orientación de estas dependencias como campos de exterminio, sólo confirman la visión ignorante y cruel de una sociedad insensible al sufrimiento de los seres indefensos.

Los antirrábicos deberían ser la instancia obvia para dar segundas oportunidades a los animales que no son reclamados por sus dueños. Con subastas públicas, abiertas y transparentes, el registro universal de mascotas podría ser una realidad tangible, además de que implica menos costos colocar un perro o gato que sacrificarlos. Hasta por ahorro de recursos públicos tiene sentido que los antirrábicos no sean mataderos de mascotas abandonadas.

Registro universal de perros y gatos, sanciones para la venta sin registro, castigos por el abandono y maltrato de animales, antirrábicos dignos que faciliten la adopción de mascotas abandonadas y medidas de seguridad obligatorias para el paseo de especies y razas peligrosas, deberían ser el eje de una ley que demuestre que somos menos animales que aquellos a quienes les damos ese nombre.

Si no logramos ese cambio legal, continuarán los perritos en las calles, muchos de ellos destinados a morir de hambre, arrollados por automotores o maltratados por gente que se aprovecha de su condición de seres mostrencos.

Cuando los niños me pregunten por Petito, les diré que está en el cielo de los canes, uno en el que no hay dueños irresponsables, ni mercaderes negligentes que venden perros y gatos como si fueran juguetes.

viernes, octubre 28, 2011

Usar el blogger desde el iPod

En una muestra de gran madurez, Google y Adobe ofrecen versiones de sus productos para dispositivos Apple. Hasta Facebook tuvo que aceptar la necesidad de que su red social tuviera una aplicación original para el iPad, lo que sin duda fue una mala noticia para los terceros desarrolladores de soluciones para tener el fb en la tableta de Apple.

No veo estilos, ni otras sofisticaciones en esta app de Blogger para iPod, sería muy útil un botón para publicar el contenido de blogspot en redes que no sean Google+, esperemos que la madurez les dé para eso y más.

miércoles, julio 13, 2011

Petróleo para morir

Capítulo II
El sobre y la puerta


Bond dejó su actitud sosegada en cuanto el Primer Ministro se retiró de la oficina de M. ¿Por qué se asignó a 004 el asunto del topo, si él era el agente que más conocía a Quantum? Con su respuesta, M le propinó una dosis más del trato rudo que le había dispensado en los últimos ochos meses:

"No olvides tu lugar aquí, 007. La jefa soy yo, tú eres sólo un asesino con licencia y a los perros se les pone bozal cuando le ladran a su amo". Bond, que había aminorado su enojo por el curso forzado que lo alejó de las operaciones de campo, ahora no sólo estaba furioso, sino profundamente ofendido. Miró fijamente a M y le dijo, con voz suave pero firme: "señora, antes de entrar a su oficina el día de hoy, ya había tomado la decisión de liberarla de las molestias que le causo. Su último comentario me confirma que mi decisión es atinada: le entrego mi renuncia y el equipo reglamentario. Buena suerte con los retos que se avecinan". James extendió la mano y le dio la carta y el maletín. M trató de evitar que se notara su sorpresa y dolor, después de bajar un poco la mirada y pasar saliva, observó la cara rígida de su mejor agente y le respondió: "renuncia aceptada, abandona el edificio inmediatamente". Bond salió de la oficina de M y, cuando ya estaba dentro del elevador, Gordon Kilman lo alcanzó para darle un sobre amarillo tamaño folio que había llegado mientras estaba en la reunión con M y el Primer Ministro.

Por fuera del sobre sólo estaba escrito, con máquina de escribir: "para Monsieur James Bond". No había otra señal o marca, timbres postales o sellos. James preguntó la identidad del remitente y Kilman señaló que no la sabían. El sobre apareció en la gaveta de correspondencia de la recepción del edificio, por lo que se tomaron las medidas de seguridad que son típicas en los casos de envíos anónimos: primeramente el sobre había pasado por las Divisiones de Explosivos, Estudios Tóxicos y Criptografía, por ello Kilman no se lo había entregado a Bond. Como los analistas no encontraron elementos biológicos o químicos de riesgo, lo consideraron irrelevante para el Servicio Secreto y por ende "susceptible de que el agente lo recibiera", situación que Kilman explicó rápidamente a James. El ex agente doble 0 agradeció la entrega del documento y cerró el ascensor. Ya en la calle, Bond sacó su amado Aston Martin DB5 del estacionamiento de MI6 y se dirigió a su casa en Dover Street. ¿Por qué James no había abierto el sobre? Porque ya sabía lo que contenía y lo que necesitaba era usar la computadora de su casa.

James llegó al número 39 de Dover Street y, al abrir la reja, su mente le hizo recordar vivencias que no tenía presentes desde que obtuvo el grado de Comandante de la Marina Real. La vieja casa de estilo georgiano fue parte de la herencia de la tía Charmain, quien sostenía que el edificio estaba construido "sobre la residencia de su ancestro Sir Thomas Bond". A James esas historias le causaban gracia, porque siempre se ha sentido plebeyo y, hasta su ingreso al MI6, se percibía como "poco inglés", circunstancia que se reafirmó durante su adolescencia, por los comentarios despectivos y agresiones verbales que recibió: en Eton le rompió los dientes al hijo de un lord que lo llamó "mestizo de basura escocesa y suiza".

Si bien el ingreso de Bond al Servicio Secreto lo convenció de que era tan británico como el que más, su trabajo "por Dios y por la Reina" profundizó el apetito cosmopolita que le venía de cuna: sus gustos eran una rara mezcla de preferencias continentales y de la isla. Así como James disfrutaba de los autos y trajes ingleses, prefería el vodka y los tabacos rusos, se deleitaba con la champaña Bollinger R.D. y los quesos franceses. Leía a Chesterton por diversión, pero prefería a Nietzsche y Hesse para desafiar su mente, por adiestramiento leyó cuanto autor ruso cayó en sus manos y le divertía el existencialismo francés. James era un bon vivant, pero su cultura y pensamiento crítico era producto del entrenamiento de élite de MI6. Mientas cruzaba el sendero del jardín que lleva a la puerta principal de la casa, Bond reflexionaba sobre su último encuentro con su jefa: a pesar de que M lo llamó "perro", la formación del agente le abría la puerta para ser diplomático de carrera, profesor universitario, capitán de empresa y hasta catador de productos finos. James concluyó estos pensamientos en cuanto entró a la sala de su residencia: el futuro lo viviría hasta mañana, el ahora es para siempre y había que atender el asunto del sobre.

Bond pasó al estudio, se sentó en su butaca preferida y abrió el sobre: adentro sólo había una llave de bronce muy vieja con una palabra y una cifra grabada: Virgilius y 125. James sabía que esa llave era parte de un mensaje póstumo de René Mathis, que se completaba con un gastado ejemplar de La Eneida que le dio cuando viajaban a Bolivia, así como con una historia sobre como los espías de la vieja guardia lograban enviar mensajes indescifrables "sin máquinas enigma, ni refinamientos mayores". Sin embargo, en este caso la llave y el libro sólo proporcionaban una dirección de correo electrónico y la contraseña de acceso.

James sacó una llave de Internet inalámbrico -que había adquirido a nombre de Lancaster Carmichael- y un iPad que compró al contado en la tienda de la esquina. Abrió una página de Gmail, puso el nombre de usuario aschanius y la contraseña cavalier. Sólo había un mensaje, enviado desde la misma cuenta, cuyo asunto se denominaba "últimas recomendaciones". Bond abrió el correo y lo leyó:

"James, este mensaje es una suerte de testamento. Si lo lees es porque he muerto, te entregaron la llave y tuviste presente lo que te dije sobre el viejo libro. Hay varias cosas que iba a decirte -y pedirte- al regreso de nuestro viaje a Bolivia. No era el momento de tratarlas y este correo me permite que las sepas, aún con mi desaparición física. Antes que nada, quiero que sepas que no te guardo rencor por haberme acusado de traición cuando sólo fui leal al Servicio. Te perdono, no lo hago por ser viejo -y ahora estar muerto-, sino porque comprendo que la situación te cegó para ver los hechos y actuaste precipitadamente. Son errores de juventud, yo también los cometí, sé que con los años adquirirás la frialdad de análisis que ahora no te parece importante... y será más útil que tu Beretta favorita.

Paso a otros temas: te dejo el número de esta Caja de Seguridad -tiene recursos distintos de los que están en mis cuentas bancarias oficiales, no te preocupes-, así como te la heredo, alguien me la legó y espero que algún día tú hagas lo mismo en favor de otro agente. Este fondo del espía es tu puerta de seguridad si caes en desgracia, te persiguen a muerte o el Servicio Secreto no puede auxiliarte. Las únicas dos reglas que tiene este fondo es que 1) en vida siempre repongas lo que saques de la caja; y 2) que la entregues mejor que como la recibes.

Si tuve oportunidad de verte antes de morir, te habré pedido que perdones a Vesper. Ella no te traicionó, su patria y nación eras tú, no Inglaterra y, en mis años de vida, aprendí que eso se llama amor incondicional.

Sé que serás el orgullo de MI6, mientras moderes tu soberbia. Sólo lamento no poder verlo.

Hasta siempre.

Tu amigo, Charles Monti-Johnson (René Mathis era un nombre clave, ni siquiera era francés, nací ítalo-británico)".



Bond sintió remordimiento y vergüenza: por los interrogatorios que Mathis sufrió sin ser culpable, por dejar su cadáver en un contenedor de basura y pensar que "no le hubiera importado" y porque había sido el único en el Servicio que se había preocupado por su futuro. Mientras una sensación de amargura recorría su garganta, James anotó el número de cuenta y el Banco. Desconectó el Internet y al momento de cerrar la ventana de Gmail en el iPad, sonó el timbre de la puerta. Bond tomó la Beretta 25 que guardaba en el primer cajón del escritorio del estudio, caminó hacia la puerta y vio por la mirilla: era M, sola, con una bolsa de pastisería. James guardó la pistola en la chaqueta y abrió la puerta.

"Buenas tardes, señora. Aquí no compramos galletas para ayudar al Servicio Secreto". Bond bromeó porque aún recordaba la recomendación de Mathis de aminorar su soberbia. M arqueó las cejas y contuvo la risa de forma que parecía que fuera a toser. Sin duda le hizo gracia el comentario de Bond, pero no quiso mostrarse rendida a su humor, por lo que sólo contestó: "buenas tardes, James, traigo galletas porque ya casi son las cinco, ¿puedo pasar y comentarte algo?"

Bond la invitó a pasar y puso agua en la tetera. M, como siempre, quiso un Earl Grey con apenas una nube de crema, mientras que James se preparó una mezcla de Oolong con Te Negro de sabor fresa, misma que solía beber después de hacer ejercicio.

M abrió las galletas y dio un sorbo a su taza, miró a Bond y le dijo: "James, es irresponsable que dejes MI6 en estos momentos". Si James no hubiera leído la carta de Mathis, seguramente habría perdido los estribos y hubiera sacado a M a patadas de su casa, por muy jefa del Servicio Secreto que fuera. Sin embargo, sólo frunció el labio superior y dijo muy serio, pero sin arrogancia: "señora, no estoy dispuesto a ser tratado como un asistente de oficina al que le gritan porque se equivoca al traer los almuerzos. Todas las misiones que me encargó las cumplí con éxito y, salvo los autos destrozados, no represento pérdidas para el Reino".

M replicó, en un tono mucho más moderado que el que usó en los cuarteles de Vauxhall: "sin duda eres valioso, de lo contrario no te habría dado el rango de agente 00, pero no permitiré que cuestiones mi autoridad". James no se quedó callado: "eso lo dejó muy en claro hace unas horas, como yo también fui muy preciso respecto al trato que no tolero".

Tramposamente, M trató de minimizar el asunto: "me sorprende tu falta de aplomo, Bond, para ser un agente con licencia para matar tienes la piel muy sensible". James respondió con mayor agudeza: "por supuesto que no, lo que pasa es que a los que me hablan así suelo meterles tres tiros".

M sacó una Glock 9 milímetros y la puso sobre la mesa, con una invitación sorpresiva: "adelante, Bond, úsala". James miró a M y le dijo: "no me venga con estupideces". M suspiró, guardó el arma y respondió: "Bien, tú eres un perro y yo soy una estúpida, ¿estamos a mano?". Bond rió, era la primera vez que lo hacía en varios meses. "Está bien, M, acepto sus disculpas". M mordió una galleta de chocolate y le dijo a Bond: "disfruto de la charla pero tienes que tomar una vuelo a Nueva York en una hora, no prepares equipaje, Q tiene listo todo lo que necesitas".

Bond preguntó, divertido: "¿tanta seguridad tenía en que iba a regresar al servicio?". M contestó: "por supuesto, todos los hombres son iguales, se les manipula con el amor propio. Vamos 007, deprisa, el auto nos espera". James tomó su iPad y salió de la casa, al cerrar la reja le vino a la mente la imagen de Mathis, como si estuviera despidiéndose en el pórtico de la casa.


(c) Óscar Constantino Gutiérrez. 8 de julio de 2011. James Bond, personajes y características son Propiedad Intelectual de sus respectivos dueños, pero la historia y trama de Petróleo para morir es de la exclusiva titularidad de Óscar Constantino Gutiérrez Ramírez.

viernes, julio 08, 2011

Petróleo para morir

Capítulo I

Extraños compañeros de cama

Bond solía tomar con humor los reclamos de M, pero en esta ocasión estaba furioso. A pesar de que 007 demostró plenamente que no tuvo más opción que matar al guardaespaldas de un asesor del Primer Ministro -y que ese supuesto consultor pertenecía a la misma organización criminal que robó lo que Bond le ganó a Le Chiffre en el Casino Royal-, la cabeza de MI6 no dejó de reclamarle su "absoluta y estúpida ignorancia del gobierno del Reino Unido" y lo obligó a tomar un curso intensivo de política interior británica por seis meses. Para evitar que Bond acreditara sus clases por el método de seducción intensiva, M únicamente le asignó docentes del sexo masculino. A James sólo le quedó la opción de estudiar dedicadamente la composición del Parlamento, la organización del gobierno, el régimen de partidos y todas las cosas que detestó cuando era alumno de Eton y que evadió durante su estadía en Oxford.

"La política es una mierda y los políticos son como las moscas, que se alimentan de ella", masculló Bond cuando M le ordenó pasar 180 días en una aula del edificio del MI6 en Vauxhall. De nada valieron sus argumentos sobre que él pertenecía a una rama del Servicio Secreto de su Majestad que no operaba en suelo británico: M sólo miró a los ojos de Bond y le soltó un escueto "tengo una misión para ti que necesitará que entiendas algo más que matar como un bruto y fornicar como un burro". Por primera vez en su vida, Bond creyó que lo transferirían a MI5, el Servicio de Inteligencia dedicado a la seguridad interna del reino. El cambio no le agradaba en lo absoluto: al menos con los políticos extranjeros tenía la satisfacción de poder matarlos, pero su rango de agente doble 0 se terminaría con un traslado a seguridad doméstica. Sin embargo, James no le daría el gusto a M de verlo quebrado: acreditaría su curso-castigo y luego aventaría su renuncia irrevocable a su regordeta cara.

Pasaron los 180 días y Bond -como siempre que se lo propone, lo cual no pasa muy seguido- acreditó sus cursos con la máxima nota. Una vez recibido su diploma, 007 subió al elevador que lleva a la oficina de M, para entregarle su renuncia y el maletín con su equipo reglamentario -pasaportes, identificaciones, la Walther P99, la llave del Aston Martin Virage que le asignaron después de su misión en Kazán para detener a Yusef Kabira y su Omega Seamaster modificado por Q-. Al salir del ascensor, lo esperaba Gordon Kilman, el nuevo asistente de M, quien lo recibió con una simpatía fuera de lo protocolario.

Kilman soltó un saludo en ráfaga de 4 frases por segundo: "007, es un placer que nos visites, por favor siéntate, inmediatamente le aviso a la Comandante que estás aquí, ¿quieres algo de tomar?". Bond miró a Kilman con extrañeza, se sintió abrumado como si estuviera en una oficina italiana. Kilman era un fan irredento de Bond y era tan devoto de James que hacía ver a Moneypenny como una reina de hielo. A 007 le pasó por la cabeza la idea de darle un puñetazo a Kilman en la nariz, pero se contuvo por atención a Jane, que había propuesto a Kilman para sustituirla temporalmente. Bond miró a Kilman como a un perrito apestoso y brincón, pero muy amablemente le respondió, con una sonrisa sardónica, que sólo quería que le avisara a M que deseaba verla. James no había concluido de formular su petición cuando el intercomunicador lo interrumpió con la voz de M que giraba una instrucción a su asistente: "Gordon, dile a 007 que pase".

Bond abrió la puerta y se sorprendió ante la vista: M estaba acompañada por el flamante nuevo Primer Ministro, el laborista Ed Miliband, quien apenas doce horas antes había sacado del cargo al conservador David Cameron. Antes de que pudiera articular palabra, M le pidió que se sentara y le dijo: "tanto el Primer Ministro como yo te felicitamos por concluir exitosamente tu curso, 007, mismo que te servirá para una situación que debemos atender: hay una conspiración de los tories, los gobiernos de Estados Unidos, Francia y México para dejar a Inglaterra fuera del mercado petrolero del Golfo de México".

A lo largo de su carrera, James Bond había tenido extrañas compañeras de cama, pero nunca pensó que iría contra un partido político de su país y los primos americanos. 007 pensó: "diablos, M no me jodió con el curso, pero sí lo hace con esta misión".

M hizo una pequeña pausa para dirigir un mirada dura a Bond, como reproche a su poco elegante expresión de sorpresa y continuó su explicación: "como podrás haberte dado cuenta, 007, fuiste adiestrado para entender los asuntos internos del país porque en esta ocasión se necesita de ti algo más que disparar y luego preguntar". James se mantuvo en silencio, quería escuchar la historia completa.

M continuó: "Aunque te guste más leer la etiqueta de las botellas, sé que durante estos meses has leído a profundidad los diarios nacionales y adquiriste muchas habilidades de análisis sobre temas de política británica e internacional". A pesar de su previa intención de escuchar todo el relato, Bond interrumpió a su jefa: "además de señalarme que me merezco una medalla de aprovechamiento, ¿hay algo importante a tratar en esta reunión?". M lanzó una mirada fulminante a la que Bond respondió con su acostumbrada apertura retadora del labio inferior. El Primer Ministro Miliband terció en la plática: "señor Bond, mi antecesor en el cargo se asoció con el presidente francés para la firma de un tratado de no intervención en la explotación de hidrocarburos en el Golfo de México. Dado que los socialistas podrían revertir un acuerdo secreto de esta índole, el señor Sarkozy aprovechó sus contactos en la CIA para sacar del mapa a Dominique Strauss-Kahn, quien iba a denunciar públicamente el acuerdo".

Bond preguntó al jefe de gobierno, mientras se levantaba para tomar un vaso de escocés, "¿y cómo se enteró ese viejo pervertido del acuerdo?" Antes de que Miliband pudiera responder, M reprendió a su agente: "007, si hay alguien en esta sala que no debe hablar de comportamientos licenciosos, eres tú". Bond replicó -con una sonrisa- que a él no lo ha detenido jamás el FBI por rabo verde, a lo que rápidamente respondió M con un "porque has tenido demasiada suerte". El Primer Ministro carraspeó y le preguntó a la cabeza de MI6 si aún consideraba que Bond era adecuado para la misión, porque veía que "no se llevaban muy bien". M zanjó el punto rápidamente: "señor Primer Ministro, el Servicio Secreto no es un club de amistades, 007 es un asesino disoluto, pero en las dos cosas es excelente". Bond manifestó su conformidad con el juicio de su jefa levantando su vaso de whisky a manera de saludo. Miliband continuó con su explicación:

"Bien, ya me estaba preocupando por esos comentarios ríspidos. Respondo a su pregunta, señor Bond: Strauss-Kahn tenía -en su oficina como director del FMI- un acceso al sistema de cables de la CIA que le instaló un amigo suyo de la Inteligencia Francesa, de nombre Charles Dumont, mismo que apareció muerto en el Sena dos día antes de que el FBI detuviera al ex director del FMI en el aeropuerto de Nueva York. Dumont fue torturado y, de acuerdo a los archivos que encontré en la computadora del ex ministro David Cameron, la CIA montó todo el asunto de la camarera, que en realidad es una agente de campo que hasta hace 6 meses estaba destacada en Sierra Leona".

Bond mostró su escepticismo: "¿Así que la CIA no compartió esa información con MI6, pero sí con el ex Primer Ministro Cameron? Vaya, nuestros equipos de inteligencia deberían cambiarse el nombre a Servicios de Idiotez". M intervino: "en realidad, 007, había un topo en sistemas, el agente que debió reportar estas comunicaciones estaba en la nómina numerada que recuperamos del departamento de Yusef Kabira en Rusia: lo detectamos porque le compró a su novia una pulsera de diamantes Cartier que costó cinco veces su salario anual. Se le asignó a 004 que anulara al topo y obtuviera los datos de su infiltración". A Bond se le endureció el semblante: Quantum seguía infiltrado en el MI6.

"El caso es -continuó Miliband- que Cameron aceptó dimitir a cambio de que no se ventilara este asunto ni la conspiración que también se operó contra el esposo de mi predecesora en el liderazgo del partido Laborista, Harriet Harman. Por ello pudimos ir a elecciones y ahora yo gobierno". Bond respondió: "lo felicito por vivir en el número 10 de Downing Street, pero creo que no necesita de una operación especial para revocar un acuerdo secreto, salvo que..." James se contestó a si mismo: "salvo que las áreas con petróleo estén del lado mexicano del Golfo, porque ahí no está permitida la extracción por particulares o extranjeros". Por primera vez en 8 meses, M miró con satisfacción y orgullo a 007: no se había equivocado al enviarlo al curso de Política.

Bond siguió con su análisis bien informado: "¿Y los estadounidenses no pueden usar la paja de la malteada? Podrían extraer desde Miami el petróleo". Miliband negó con la cabeza: "hay un manto de roca submarino a la altura del Puerto de Tampico, en Tamaulipas". A Miliband le costó mucho trabajo pronunciar Tamaulipas y se quejó de que los mexicanos fueran tan incultos como para sólo hablar español. Bond lo miró y dijo en voz baja un muy decidido "estúpido ignorante".

M, quien consideraba que la plática ya había durado demasiado, cerró todos los puntos: "007, el presidente mexicano Calderón pactó con el gobierno de Estados Unidos la apertura de la extracción petrolera, a cambio de que los Marines custodien su país y repriman a los opositores y narcocriminales que tienen cercado a su gobierno. Existen cuatro factores a considerar en el asunto, mismos que obtuvimos de la confesión que 004 consiguió del topo de sistemas: primero, la compañía a la que México asignará los contratos es Halliburton, de la que ya confirmamos que pertenece a Quantum; segundo, el crimen organizado en México también lo opera Quantum, por lo que, una vez que Calderón suspenda garantías y firme el decreto de apertura del petróleo, Quantum lo ejecutará y pondrá en el poder al General Gómez; tercero, Strauss-Kahn tiene las pruebas de todo esto, pero aunque fue exonerado en Estados Unidos, la fiscalía francesa lo acusará de intento de violación y, cuando regrese a Francia, será ejecutado por la Inteligencia gala; y cuarto, como resulta obvio, no podemos compartir esta información con Estados Unidos ni con Francia, así que tienes dos objetivos inmediatos: uno, rescatar vivo a Strauss-Kahn para que nos entregue las pruebas de la conspiración y dos, debes impedir que Calderón siga adelante con su autogolpe de Estado".

Miliband y M miraron a Bond, quien hizo su mejor cara de poker. Una cosa es matar criminales o volar embajadas del tercer mundo, otra muy distinta era vencer a los estadounidenses en su territorio: esas eran palabras mayores. Para empeorar el escenario, 007 debía enfrentar a un gobierno corrupto como el mexicano, que en la realidad era lo más cercano a combatir una Hidra. Pero él no era hijo de Zeus ni M era Atenea, por lo que todo indicaba que ésta era la peor misión a la que se había enfrentado James Bond en su escaso tiempo como agente doble cero.

(c) Óscar Constantino Gutiérrez. 8 de julio de 2011. James Bond, personajes y características son Propiedad Intelectual de sus respectivos dueños, pero la historia y trama de Petróleo para morir es de la exclusiva titularidad de Óscar Constantino Gutiérrez Ramírez.

jueves, septiembre 30, 2010

Y aquí está el Ping.fm

martes, agosto 24, 2010

En la mira

Ley Natural y corrupción usual


Maicear, según el Diccionario de la Real Academia Española, es “dar maíz a los animales”. Peyorativamente, se equipara a la acción de sobornar. Por ello Porfirio Díaz solía decir, respecto a los diputados encabritados con su dictadura, “este gallo quiere su maiz (así, sin acento)”, para denotar que era necesario tranquilizarlos con el elixir del soborno. El maiceo, al menos en el lenguaje político, es una tradición nacional de casi 120 años de antigüedad.

Por tanto, la corrupción es tan mexicana como las enchiladas y vive en el corazón de sus admiradores: cada tapatío paga en promedio mil 573 pesos por esta práctica, dirigida principalmente al soborno y liquidación de extorsiones. México dedica 210 mil millones de pesos anuales a esta conducta (4.5 por ciento de su PIB), por lo que el país ocupa el lugar 89 en el ranking mundial de naciones corruptas.

Ni en eso dejamos de ser un país de media tabla.

Estos números, recordados por el catedrático Luis Roberto Arechederra durante la inauguración del Primer Foro Nacional de Fraude y Corrupción en México, mismos que recuperan los resultados de la encuesta efectuada por profesionales por la ética durante 2009, así como de las evaluaciones realizadas por Transparencia Internacional, dejan claro que los habitantes de esta capital padecen un acto de corrupción cada 390 días. Es decir, los desembolsos por corrupción son tan periódicos como el pago del impuesto predial o del ISR.

Nada ayuda que la cultura latina rinda homenaje al ocultamiento de la verdad, a la picardía y a la astucia. No hay que olvidar que los romanos admitían estas prácticas como “dolo bueno”, por lo que existe una línea conductora entre la listeza y el uso de la astucia para sacar ventaja del prójimo. El tema es que existe una zona gris muy discutible entre la práctica de sacar ventaja y la de causar daño a los demás. El corrupto suele considerarse más listo o astuto que los que no cometen actos de corrupción y, por supuesto, se asume como más inteligente que las víctimas de sus corruptelas. En su conducta, el taimado asume como natural que los más listos obtengan provecho de los más tontos, por lo que considera justificado su proceder, ya que en su opinión es un mecanismo aceptable de progreso: el que no es transa, no avanza, dice la frase popular que resume esa visión del mundo.

Corrupción y falta de Estado de Derecho son dos caras de una misma moneda. Curiosamente, una de las argumentaciones usadas por quienes no respetan las leyes es que las consideran injustas: esa es la excusa de quien compra películas piratas (“el precio de los productos legales es muy alto e injusto”), del que vende droga (“no se puede vivir bien con un trabajo legal”), del que se roba la señal de TV restringida (“el cable tiene un precio injusto”), así como de un largo y desagradable etcétera. En pocas palabras, los piratas, dealers y ladrones de señales invocan la Ley Natural para justificar sus ilícitos, porque no hay cosa más laxa y acomodaticia que recurrir a la Ley Natural para aducir cualquier cosa como válida.

Los asesinatos y la aplicación de tormentos en la Alemania Nazi fueron justificadas por iusnaturalistas, como lo explica don Ernesto Garzón Valdés (a quien hace referencia Manuel Atienza en el número 27 de Isonomía). La Ley Natural se invocó para legitimar a los reyes absolutos, así como para derrocarlos cuando desobedecían al poder eclesiástico. Después de la Segunda Guerra Mundial, el iusnaturalismo tomó una cara bondadosa que admite el vínculo entre derechos humanos, democracia y justicia… siempre y cuando no se afecten a los grupos dominantes de una sociedad. Resulta usual que quienes invocan la Ley Natural, para desobedecer las leyes de un país, sean los mismos que señalan a las comisiones de derechos humanos como agencias defensoras de delincuentes (cuando se supone que los derechos humanos no son más que la versión secular de los derechos naturales de las personas). Tampoco es extraño que se justifique la recepción de recursos ilícitos para obras pías, resulta innecesario recordar el nombre del obispo que decía que las narcolimosnas "se purifican" con la buena intención de ayudar, baste con indicar que, tanto las prácticas usuales de corrupción como el recurso de invocar la Ley Natural, son frutos de un mismo árbol de pseudo argumentación y sofisma.

México necesita trascender las descalificaciones entre aquellos que refieren a sus adversarios como fundamentalistas de derecha o jacobinos trasnochados (ambas etiquetas denotan estupidez). Si, en el debate de los grandes temas sociales, unos invocan verdades reveladas que sólo pueden aceptarse como actos de fe y los otros asumen que el papel del clero se reduce a orar en sus templos, este país seguirá tan corrupto como siempre, con sus maiceos, con sus leyes naturales para justificar cualquier cosa, así como con las prácticas de ninguneo y agresión a todo el que piense distinto. ¡Vaya forma de celebrar el Bicentenario!

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